¿Quieres saber lo que es la debilidad? Ser débil es tratar a los demás como si te perteneciesen. Ser fuerte es saber que cada uno se pertenece a sí mismo.
Historias con las que me tropiezo sin querer
¿Quieres saber lo que es la debilidad? Ser débil es tratar a los demás como si te perteneciesen. Ser fuerte es saber que cada uno se pertenece a sí mismo.
Durante años he estado tomando fotografías de reyes, campesinos y comisarios, y charlando con ellos, y he terminado por pensar que la curiosidad, junto con la libertad para viajar y las tarifas bajas, es lo más parecido a la democracia que hay en nuestra época, así que puede que la democracia sea el turismo
Ellos eran mis armas, y les permitía serlo. Nunca les dejé que me cavaran un hoyo ni que me llevaran el equipo. Nos cubríamos mutuamente.
Me habían comentado que Paco León estaba nervioso antes de pisar las tablas por primera vez. ¡Quién lo diría viéndole! Preciso, suelto y feliz. Bailando chotis y charlando con Antonio Machado y Valle Inclán.
Es difícil recibir más energía y escuchar mejor música que la que sonó ayer en el Teatro de la Zarzuela. El estreno de que ¡Cómo está Madriz! fue un homenaje inteligente a este género original y picaresco mediante la adaptación de “La Gran Vía” y “El año pasado por agua”, compuestas por Federico Chueca y Joaquín Valverde.
En el escenario, un elenco de más de 30 actores y cantantes dan vida a las calles de Madrid y se ríen de los males del pasado, sospechosamente parecidos a los de hoy.
Para Paco, el protagonista de la obra interpretado por León, “Madrid es no tener nada y tenerlo todo”. No sé si la ciudad ha alcanzado ese sueño, pero desde luego el Teatro de la Zarzuela sí lo ha hecho con esta obra, que seguirá haciendo reír al público hasta el 12 de junio.

Ayer visité Avifauna, el único parque ornitológico oficial en España.
Su director, Antonio Ibáñez, lo ha construido con sus propias manos durante 35 años, y hoy acoge más de 300 aves.
Entre ellas un casuario de Nueva Guinea, considerado el pájaro más peligroso del mundo.
Situado en Outeiro de Rei (Lugo), el parque también cuenta con flamencos, urogallos, buitres, ibis y otros ejemplares internacionales. Además, el centro recibe a más de 8.000 niños al año que se acercan al mundo natural y aprenden la evolución de las especies ornitológicas.
En su actuación del pasado viernes en el Teatro de la Luz Philips Gran Vía, Juan Tamariz no dejó de repetir una frase: “La magia es ilusión”. Sin ilusión no habría truco que doblegase el escepticismo, ni cientos de sonrisas infantiles contagiadas por la baraja de póker.
El problema de la ilusión es que no siempre la enfocamos con el objetivo adecuado. Hay quien, como Tamariz, utiliza el gran angular para disfrutar y hacernos un poco más felices; mientras algunos se adueñan de la palabra mágica para reírse de nuestra ingenuidad.
Estoy pensando en Iñaki Urdangarin, un ilusionista hecho a sí mismo. En su defensa durante el juicio oral del caso Nóos, el ex duque de Palma atribuyó la presencia de la infanta Cristina como “compinche” en la sociedad Aizoon a “un tema de ilusión” por su parte.
Pero la ilusión de Urdangarin y su esposa por su proyecto teóricamente “sin ánimo de lucro” no ha terminado precisamente con una ovación. Más bien, con 61,3 millones de euros en paradero desconocido que el juez reclama a los 17 imputados en la causa. La infanta se enfrenta a una pena de cuatro años de cárcel por supuesta cooperación en el fraude de su marido, que debe 337.143€ al fisco.
Es habitual que los magos pidan billetes de 50€ al público para poner a prueba su ilusión. Lo que no es tan habitual es que los “laven” o los hagan desaparecer. Está claro que hay ilusiones e ilusiones, y nunca sabemos en qué se traducen hasta que cae el telón. Veremos quiénes ríen los últimos esta vez, si ellos o nóos.
La mayoría de los muertos del primer día fueron identificados por sus familiares dentro del hospital y en los alrededores. A partir del segundo día, cuando un paciente se encontraba moribundo se le ataba a la ropa una etiqueta con su nombre. La cuadrilla encargada de los cadáveres los llevaba a un claro de las afueras, los ponía sobre piras hechas con la madera de las casas destruidas, los quemaba, repartía las cenizas en sobres para placas en rayos X, marcaba los sobres con el nombre del muerto y los apilaba, ordenada y respetuosamente, en la oficina principal. En pocos días, las columnas de sobres cubrieron un lado entero del improvisado templo.
Con todos los respetos a Julio Verne, creo que la exposición que le dedica estos días el Espacio Fundación Telefónica de Madrid tiene otra protagonista de excepción. Se trata de Nellie Bly, la mujer que dio la vuelta al mundo en 8 días menos que Phileas Fogg.
En 1888, con 24 años, Nellie Bly escribía reportajes de investigación en el periódico The New York World, propiedad de Joseph Pulitzer. El magnate de la prensa americana en aquel momento (junto a William Randolph Hearst) tenía un reto: comprobar si era posible dar la vuelta al mundo en menos tiempo del que aventuraba Julio Verne en su novela La vuelta al mundo en 80 días.
Para ello Pulitzer tomó una decisión sorprendente en un país al que el sufragio femenino tardaría 15 años en llegar. El editor retó a Nellie Bly a realizar la hazaña. Ella aceptó sin dudar, y el 14 de noviembre de 1889 partió desde el muelle de Hoboken (Nueva Jersey).
72 días, 6 horas, 11 minutos y 14 segundos después de su salida Bly regresó a Nueva York con 24.889 millas y un récord mundial bajo el brazo; además de las experiencias vividas en Inglaterra, Japón, China, Hong Kong, Brindisi, Colombo y San Francisco. Todo ello sin olvidar una entrevista en casa de Julio Verne.
El periplo de Nellie Bly, que detalla su diario Around the world in seventy-two days no sólo hizo del mundo un lugar más accesible, sino que demostró a los hombres que las mujeres no necesitan su protección para vivir. Su recompensa, sin embargo, no fue la deseada. Mientras el World triplicó sus beneficios, Nellie no cobró ni un dólar más. Menos mal que la Historia ha sido más generosa.